La Feria del Libro dominicana. Foto EFE
La Feria del Libro dominicana. Foto EFE

Cada año al retornar de mi visita de la Feria Internacional del Libro, en la Plaza de la Cultura Juan Pablo Duarte, me veo en la necesita de hacer un escrito sobre mi impresión de la misma.

Y es que al caminar por los pasillos de esta céntrica plaza y la XVII celebración de este evento de tanta importancia, en homenaje en esta ocasión al ilustre escritor dominicano y creador del movimiento literario postumismo, Domingo Moreno Jiménez, la cual tiene a su vez como país invitado a la hermana nación de Panamá, sigue repitiéndose pero en aumento la critica que realizo cada año.

Es de resaltar como cientos de niños, jóvenes y adultos sientan curiosidad en echar una ojeada a los libros que se encuentran en los diferentes puestos destinados para la venta y porque no, llevarse toda un bolso lleno de estos. Pero lamentablemente también es imposible dejar pasar por desapercibido, que en este año ha crecido la cantidad de Kioscos de comidas, bebidas, chuchearías diversas y otros artículos que no tienen relación alguna a los fines de esta feria internacional, lo que reiteramos que debe de ser tomado en cuenta por la Dirección General de la Feria del Libro.

A esto también, se agrega una cantidad enorme de vendedores ambulantes que se apersonan a las inmediaciones de esta feria, para suministrar algún tipo de producto, muchas veces sin las condiciones de higiene que merece el trato de alimentos y bebidas.

De todas formas este año ha aumenta la visita de personas a nuestra feria nacional, sea por curiosidad, deseos de comprar algún libro u obligación en caso de los estudiantes de las escuelas, y es de imaginarme, que al momento de Don Julio Postigo, un librero y pastor evangélico proponer en 1950 que el día 23 de abril sea instituido el “día del Libro” en Honor a Miguel Cervantes, no se imagino el crecimiento que tendría esta actividad anualmente.

Aunque no se trata de desconocer datos fuertes de la realidad, no hay duda de que la demanda de libros sigue siendo más baja que en años anteriores y así lo dicen los vendedores, aunque en comparación con los años de autoritarismo político, censura cultural y discriminación ideológica, las cifras en este sentido si han aumentado.

No podemos dejar de hacer mención de que así como se puede hablar de “música chatarra” para referirse a productos de mala calidad, lo mismo podría hablarse de “libros basura” para aludir a textos relacionados con la denominada industria cultural apuntada a consumos masivos.

Este debate es antiguo pero todos los años se renueva. Importantes intelectuales de todos los países advierten sobre la degradación del libro, la manipulación del lenguaje, la corrupción de las palabras, y si bien algo de verdad hay en estas consideraciones, no se puede desconocer que, de todos modos, tratar de maximizar la lectura entre todos los dominicanos y dominicana, seguirá siendo un hecho culturalmente valioso.

Jimmy Rosario Bernard
Catedrático Universitario