La Habana, (EFE).- El papa Francisco será el tercer pontífice que visite Cuba, país donde la iglesia católica ha asumido un destacado papel como interlocutor con el Gobierno de Raúl Castro, pero cuyo reto es ganar más espacio y reconocimiento institucional en una isla que se mantiene comunista.

Francisco viaja a Cuba a apoyar una Iglesia que quiere ampliar su espacio. Imagen del papa Francisco. EFE/Archivo.
Francisco viaja a Cuba a apoyar una Iglesia que quiere ampliar su espacio.
Imagen del papa Francisco. EFE/Archivo.

Cuba será uno de los pocos países del mundo que ha recibido la visita consecutiva de tres papas: Juan Pablo II, en enero de 1998; Benedicto XVI, en marzo de 2012 y ahora espera la llegada, entre el 19 y el 22 de septiembre, de Jorge Bergoglio, el primer pontífice latinoamericano.

En sus cuatro días en Cuba recorrerá La Habana, donde ofrecerá una misa multitudinaria en la Plaza de la Revolución y se entrevistará con Raúl Castro; Holguín, provincia que recibirá a un papa por primera vez; y Santiago de Cuba, donde acudirá al santuario de la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona del país.

Desde Santiago, el pontífice partirá a Washington, segunda parte de su gira por Cuba y EEUU, los dos países que han restaurado sus lazos tras 54 años de enemistad con la mediación personal de Francisco, lo que confiere una dimensión política y diplomática a esta visita pastoral.

Con el lema “Misionero de la Misericordia”, Francisco viaja a una Cuba muy diferente a la que encontró Juan Pablo II, cuya visita marcó un hito histórico en la aproximación entre la Iglesia y el Estado, tras décadas de desencuentros y tensiones con la Revolución castrista.

La visita de Karol Wojtyla -que contó con la presencia de un entonces obispo Jorge Bergoglio- marcó un “antes y un después”, dio “visibilidad pública e imprimió un dinamismo nuevo” a la Iglesia católica cubana, explicó a Efe José Félix Pérez, portavoz de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba.

A partir de entonces se puso en marcha un acercamiento que profundizó un reformista Raúl Castro, en el poder desde 2008 y que anotó un hito en 2010, cuando acometió un importante proceso de excarcelación de presos políticos, tras un inédito diálogo con la jerarquía católica del país.

“Ahora tenemos una mejor comunicación, más fluida. Hay un espíritu muy positivo y de cordialidad”, señala el padre Pérez.

En esa valoración coincide el gobernante (y único) Partido Comunista de Cuba (PCC), para el que las relaciones con la Iglesia están en un “buen nivel”, según dijo Caridad Diego, jefa de la Oficina de

Asuntos Religiosos de esa organización en una reciente entrevista con Efe.

En medio de esa distensión, el Estado ha llevado a cabo la devolución de templos, inmuebles y terrenos que fueron propiedad de la iglesia católica y que expropió la revolución, e incluso este año ha autorizado por primera vez desde 1959 la construcción de dos nuevas iglesias, una en La Habana y otra en la provincia occidental de Pinar del Río.

Además se está permitiendo que religiosas den asistencia a enfermos en hospitales o a personas de la tercera edad, en un país que se enfrenta al reto de un progresivo envejecimiento poblacional.

Con todo, la Iglesia reclama más espacios públicos de contacto con el pueblo en áreas como la educación o mayor presencia en los medios de comunicación, que en la isla son todos de titularidad estatal.

En el área educativa, la Iglesia desarrolla desde finales de los años noventa cursos de formación complementaria y, desde 2012, unos 500 pequeños empresarios de La Habana se han beneficiado del programa “CubaEmprende”, que busca capacitar a los llamados “cuentapropistas” o trabajadores autónomos.

La ampliación del sector privado de la isla es una de las medidas impulsadas por Raúl Castro en sus reformas para “actualizar” el modelo socialista de la isla, un plan que la Iglesia Católica valora positivamente, aunque en ocasiones ha criticado el ritmo lento de estos cambios.

Se estima que en Cuba un 60 por ciento de la población (la isla tiene 11,1 millones de habitantes) es católica, teniendo en cuenta la cifra de bautizados, aunque el porcentaje de cubanos que acude a la misa dominical se reduce al 2 %.

En el país hay 305 parroquias, 357 sacerdotes y unas 776 religiosos, 585 mujeres y 191 hombres, pertenecientes a 96 comunidades religiosas.

Los datos son todavía modestos si se comparan con la presencia de la Iglesia católica antes de 1959, ya que con el triunfo de Revolución fueron expulsados de Cuba 131 sacerdotes y casi 500 se fueron por “propia voluntad”.

Con todo, la religiosidad en la isla está marcada por el sincretismo con cultos como la santería, que gozan de gran popularidad sin que para esos creyentes sea incompatible con el catolicismo.

“En Cuba es muy natural que una persona se haya bautizado por la Iglesia Católica, se inicie en la santería, se raye en el palo, pertenezca al rito abacuá y además sea masón”, comenta a modo de ejemplo Caridad Diego.

Además de la Católica, en Cuba hay reconocidas e inscritas 55 iglesias evangélicas y protestantes, según datos de la Oficina de Asuntos Religiosos del PCC.