Nunca antes en la historia del mundo la Diplomacia había sido tan necesaria. Es la globalización la que nos ha impuesto la necesidad de promover un liderazgo fuerte en el escenario internacional, capaz de campear las olas que se ciernen en el mar de las relaciones internacionales.

La Diplomacia del Siglo XXI. Margarita Cedeño de Fernández. Foto Ecoinformativo.
La Diplomacia del Siglo XXI. Margarita Cedeño de Fernández. Foto Ecoinformativo.

El escenario geopolítico ha dado giros interesantes – y preocupantes – en los últimos años, fruto de los cambios introducidos en la política exterior de Estados Unidos, consecuencia del cambio en el eje de poder que ha causado la crisis económica internacional. El movimiento de capitales importantes hacia el medio oriente, especialmente hacia los países con fondos soberanos; la disminución de la influencia Europea por las dificultades económicas que enfrenta; el aumento decidido de la influencia del continente asiático y de los países con economías emergentes, son realidades que marcan la política exterior de los países.

A esta realidad de transformación de las relaciones internacionales no escapa la región del Caribe, lo que se evidencia en los retos que ha enfrentado la integración caribeña, la participación activa de nuestro país en escenarios como el Sistema de Integración Centroamericana (SICA) o la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y la apertura de relaciones con países que nunca antes se habían interesado en la región.

En el caso específico de la República Dominicana, nos planteamos la realidad de unas relaciones complejas con nuestro vecino más cercano, que es Haití, país que enfrenta una realidad socioeconómica que resulta en una situación migratoria y económica complicada. Lo que ha sucedido a partir de la sentencia 168-13 del Tribunal Constitucional y la Ley 169-14 sobre régimen especial para personas nacidas en el territorio nacional inscritas irregularmente en el Registro Civil dominicano, es un reto para nuestra diplomacia, en tanto nos ha impuesto una agenda que solo puede ser abordada desde el diálogo y la promoción con profesionalidad de nuestros valores y principios.

Pero de igual forma, las voces internacionales que nos condenaron a priori por la situación migratoria de indocumentados en nuestro país, causó daño a nuestra imagen internacional, la cual el Partido de la Liberación Dominicana ha cultivado desde su llegada al poder en el año 1996. Los momentos estelares en la diplomacia dominicana, protagonizados por los líderes del PLD, han sido el fruto de nuestra participación proactiva en escenarios internacionales y en los foros más importantes de la diplomacia mundial.

Es esta imagen que creamos la que nos permitió atraer importantes inversiones a nuestro país y la que es imperativo mantener y reconstruir para continuar participando de este mundo globalizado y cada vez más interdependiente y conectado. Sin dudas, vivimos en una Aldea Global.

Esa es la Diplomacia del Siglo XXI, una que exige el diálogo constante y la participación de los países en los espacios de discusión, con el objetivo de mantener la paz. Es también una diplomacia de una dimensión técnica. Atrás queda la impasibilidad del Príncipe de Talleyrand o el trabajo oculto – aunque magistral – de Henry Kissinger; la diplomacia actual requiere de un trabajo transparente y profesional.

Claro está, no podemos dejar de mencionar el papel que juegan los ciudadanos en la configuración de las relaciones internacionales. Fue un ciudadano en Túnez que marcó el inicio de la Primavera árabe; son los ciudadanos europeos los que han presionado cambios en la política europea; son ciudadanos los que han presionado hacia procesos democráticos en varios países de Asia. El involucramiento de los ciudadanos en los procesos políticos requiere que los que hacen política y los que sirven al Estado amplíen los mecanismos de participación ciudadana y la protección de sus derechos humanos.

Fomentar entre las naciones relaciones de amistad basadas en el respeto al principio de la igualdad de derechos, como lo plantea la Carta de las Naciones Unidas, requiere de diplomáticos profesionales y técnicos especializados que defiendan los intereses de nuestro país en todo el globo terráqueo. Y no me cabe la menor duda de que nuestro país cuenta con los recursos para enfrentar los retos de la diplomacia del siglo XXI.