Miles de "Watergates" se desconocen por la falta de libertad, denuncia la SIP El presidente de la Comisión de Libertad de Prensa e Información de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), Claudio Paolillo, habla durante una entrevista hoy, lunes 3 de noviembre de 2014, en Montevideo (Uruguay). EFE
Miles de “Watergates” se desconocen por la falta de libertad, denuncia la SIP
El presidente de la Comisión de Libertad de Prensa e Información de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), Claudio Paolillo, habla durante una entrevista en Montevideo (Uruguay). EFE

Montevideo,  (EFE).- La políticas de seguridad se antepusieron a las de libertad de expresión en Estados Unidos a partir del atentado terrorista que asoló Nueva York el 11 de septiembre de 2001, algo que impide que se conozcan “miles de casos Watergate”, denunció hoy la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP).

En una entrevista con Efe, el presidente de la Comisión de Libertad de Prensa e Información de la SIP, Claudio Paolillo, lamentó hoy que el 11-S cambiara la forma de hacer periodismo en Estados Unidos y comenzaran a prevalecer las políticas de seguridad por encima de los derechos a informar y opinar libremente.

“Eso ha minado uno de los lugares donde la libertad de expresión se podía ejercer con más amplitud”, matizó Paolillo.

En 1972, una investigación del diario Washington Post destapó una trama de escuchas ilegales promovidas por el Gobierno de Richard Nixon contra la oposición demócrata en la campaña electoral de ese año, lo que supuso el mayor escándalo sobre espionaje en la historia de EE.UU. y la dimisión de dicho presidente.

Al respecto de aquel “Caso Watergate”, Paolillo indicó que hoy ese periodismo “no se puede hacer” porque en la actualidad hay, “en nombre de la seguridad”, sistemas de vigilancia masivos sobre ciudadanos con teléfonos y correos electrónicos intervenidos. “Y dentro de los ciudadanos están los periodistas”, añadió.

“Si Nixon hubiera tenido el poder que Obama tiene ahora, habría descubierto “a los dos minutos” lo que sucedía y “no hubiera habido Watergate”, opinó el también director del Semanario Búsqueda de Uruguay.

La SIP agrupa a los dueños y directores de 1.300 medios de comunicación de toda América.

Con el convencimiento de que la mayoría de países americanos velan por el derecho a poder informar y opinar libremente como “elemento básico para el funcionamiento de una sociedad democrática”, el periodista remarcó la “pendiente hacia la baja” que desde hace alrededor de una década está sufriendo la libertad de expresión en buena parte de América.

Las bandas de narcotráfico, la trata de personas, la corrupción y la inacción de los gobiernos son a su juicio los factores responsables de una situación que los últimos meses ha dejado un saldo de 11 periodistas asesinados.

“Es demasiado, al no tratarse de países en guerra”, manifestó Paolillo, tras remarcar que “el problema” es que los delincuentes se sienten “inmunes”, porque los gobiernos son “absolutamente incapaces de atraparlos y de identificar a los autores materiales e intelectuales de los crímenes”.

Honduras y Paraguay registraron cada uno tres asesinatos de periodistas, mientras que en México sucedieron dos casos más y un informador fue asesinado en El Salvador, Colombia y Perú.

“Se mata a un periodista, pero también una idea u opinión que esa persona tenía para dar al resto de la sociedad”, señaló el comunicador, para alertar de la “autocensura”, que, a su juicio, esa situación genera entre los compañeros de las víctimas, que no quieren correr “la misma suerte” que ellos.

Ayer se celebro el “Día Internacional para Poner Fin a la Impunidad de los Crímenes contra los periodistas” y el presidente de la Asamblea General de la ONU, Sam Kutesa, llamó a todos los Gobiernos del mundo a garantizar la seguridad de los periodistas y a perseguir los crímenes que se cometen contra ellos.

“La primera responsabilidad los asesinos y la segunda de los Gobiernos, que son incapaces de investigar los crímenes”, insistió Paolillo.

En ese sentido, sentenció que “ejercer el periodismo en México, en Honduras o Guatemala es tarea de alto riesgo” y destacó que en algunos estados mexicanos no solamente se sufre la “negligencia e inacción de los gobiernos”, sino también la “complicidad de jueces, fiscales y gobernadores locales que están coludidos con los delincuentes y son parte del esquema delictivo”.

Como portavoz de la SIP, reclamó la “federalización” de los crímenes contra los informadores, es decir, que sean jueces o fiscales federales y no locales los que realicen la investigación de los crímenes, para evitar que estén “imbuidos del clima de miedo de una localidad pequeña”.

Paolillo señaló a Uruguay, Costa Rica y Chile como los países latinoamericanos en los que se asegura una mayor la libertad de expresión, frente a Venezuela, Ecuador, que cuenta con la ley “más perfecta para la censura de América Latina” o Cuba, que ironizó “está fuera de concurso” y en cuya Constitución “está prohibido que haya libertad de expresión”.

La SIP denunció también que el Gobierno venezolano sigue negando divisas para la compra de papel para los medios impresos, lo que ha provocado problemas de escasez de papel en 30 periódicos y otros 12 rotativos dejaron de publicarse por ese motivo.

“Ahora el problema es que te enfrentas a gobiernos que se manifiestan democráticos y no respetan ni la separación de poderes, ni la libertad de expresión ni las garantías individuales”, matizó.

Paolillo, quien comenzó a ejercer el oficio de periodista en el periódico El Día de Uruguay en 1978, dirige la Comisión de Libertad de Prensa e Información de la SIP desde hace tres años.
Hijo de padre periodista, vivió en primera persona las consecuencias de la censura, después de que su padre pasase por la cárcel tras escribir un libro contra la dictadura militar de Uruguay (1973-1985).

“Estuvo seis meses preso. Salió y ya no le dejaron escribir. A los 39 años, se murió de angustia y tristeza”, reconoció Paolillo, cuya lucha global por la libertad de expresión tiene un gran componente personal.
“Creo vivamente en lo que digo”, concluyó.