Dr. Luis Conte Agüero. Foto ECOINFORMATIVO.
Dr. Luis Conte Agüero. Foto ECOINFORMATIVO.

2014, julio 6, domingo

Miami, FL. USA.

Renaissance Ball Rooms

Luis Conte Agüero

En estos mis noventa años, vuelvo a infancias, reivindico sueños, derramo ternura sobre ustedes. El egoísta no lega lo que deja, cual si pudiera llevárselo a la tumba. ¡No! ¡Mucho o poco, qué todo quede aquí con quienes quedan! Y no es que tema partir ya, ni quiera apresurar dicha partida ¡Avanzo al mañana inevitable en entrega y sonrisa!

Mientras transito este período cúspide, sigo viviendo con voluntad de perdón y entendimiento. No es ser ángel que controle emociones legítimas. En la emoción está el gozo de vivir; el placer de la emoción embellece y repica campanas; nocivo el encono, el agravio prolongado del sentimiento herido y heridor. Así llega el odio malsano que perdura y enferma, pues irrita, confunde, cansa, agota.

Sufre quien odia; no el odiado. El odiado se entera si lo dices o lo agredes, y ello te expone a lo malo y lo peor. Así también la envidia confunde y debilita, y en el envidioso se engrandece el envidiado. Envidiar, odiar, anima derrotas.

Claro, no invito a la inacción, al desánimo o al desaliento. Vivir exige saltar al ruedo y enfrentar los toros. La clave está en la destreza de la lidia y en que el premio cierto y mayor es el propio placer de competir. Competir limpiamente enaltece y legitima; se goza la victoria y se aprende en la derrota.

Importa recordar que no sólo grandes circunstancias propician grandezas; el diario quehacer es fuente generosa de ellas. En lo cotidiano y hasta en lo trivial abundan esencias y sustancias. Frecuentemente desperdiciamos motivos de satisfacción y desarrollo. Ignoramos que estos se ofrecen al buen gusto y la paz. Desde muchacho yo buscaba premios en cartulina con pinceles y colores. Esa escuela de arte santiaguera tenía el nombre del poeta José María Heredia. Hoy, al conducir el automóvil, sin distraerme, me atraen paisajes que visualmente enmarco en espacios y cielos. Son vistas hermosas en cuadros imaginarios o en amplitud regalona de paisajes. Ver bien; ver más: Un follaje verde en verde múltiple, policromía del aparente monocromo. El verdor se multiplica en cada hoja; la visión en cada espacio. En cada beso de sol hay un pincel.

Ojos, oídos, nariz, boca, manos; cada sentido actúa independientemente o se orquesta para crear milagros.

Milagros hace Dios, y hacen personas en nombre de Dios con las capacidades y potencias de su fe. Salgan, hermanos, cada día a forjar y buscar milagros. Aprovéchese lo fácil, sin renunciar a lo difícil. Cuántas veces el jugador falla bajo el aro y acierta en los distantes tiros de tres puntos. La decisión forma el talento, y esa magia a la que llaman buena suerte.

Dilapida quien no aprovecha el regalo de vivir; se enriquece quien crece con sus dones y los junta en tesoro.

Daña pagar un precio por lo que nada vale; arruina no pagarlo por esta vida que vale tanto.

Cuídense en esto de la tentación de lo prohibido. Aunque el reto atraiga y se venda como válido, el valor radica en no aceptarlo. Hay más entereza en tal rechazo que en desafiar sus peligros. Lo que se oculta, lo que tiene que ser ocultado, sólo vale la pena en excepciones que sirvan a Dios, a la patria, la libertad, la familia. Además, el orgullo de lo que hacemos, alimenta y alienta. Poder decir lo que se hace, fortalece y ennoblece la voz, la imagen, la eficiencia, el ser.

Agradecer a la vida nos enriquece. La gratitud, la ternura, la caridad, la compasión, brillan en el tesoro de vivir. Con ellas cantamos nada menos que el himno de la bondad y del carácter.

 

AGRADEZCO

Agradezco nacer y morir con los míos,

los padres que al partir quedaron con nosotros,

los vientres que alumbraron mis hijos y sus hijos,

los hermanos que fueron metales en mi escudo.

Agradezco legiones de amigos y una amiga

que aplauda lo que aplaudo y besa lo que beso,

los dolores que lloro por esfuerzos que canto,

la fe de mis rodillas, los músculos de espíritu.

 

Agradezco arenillas en la playa grandiosa,

la generosa tierra de elefantes y hormigas,

el lomo de las gatas que me piden caricia,

el rabo en abanico de saludo leal.

 

Agradezco la sed para el agua de coco,

azúcares de mangos caídos de la mata,

aromas de café que invitan a soñar

y viajar en los vuelos que llevan al ensueño.

 

Agradezco la aurora, hermana del crepúsculo;

la cosecha abundante, amiga del sudor;

el perfume de flor, orgullo jardinero,

y el río cantarín que recorre mis venas.

 

Agradezco tener lo que más necesito:

Un beso de mujer, un ramillete de hijos,

la bandera que izar y el abrazo del niño

que inmerecidamente me llamó abuelito.

 

Agradezco vivir este vivir sin miedo,

admirar a los otros sin egoísmo alguno,

andar de verso en verso, de canción en canción

con todo el corazón latiendo por el mundo.

 

Agradezco en azul el verdor de las palmas,

los cielos de esta tierra, las nostalgias de patria,

la sonrisa en el rostro y en las manos que abrazan,

el lienzo donde pinta la señora esperanza.

 

Agradezco, Señor, agradecer.

Luis Conte Agüero